Luis Benshimol: Entrevista a Jaime Gili | Benshimolarte

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La obra de Jaime Gili (Caracas, 1972) es geometría en explosión. El bagaje histórico de la abstracción geométrica venezolana choca con el espíritu del Caribe, una colisión caótica y radiante de la que sale –estrellado– el color. Sus lienzos hablan de caos, ruptura, fricción y fracción. Exuden urbe y playa, idealismo y realidad, contrastes que buscan sobreponerse a una incesante y ruidosa vorágine en la cual la monocromía, definitivamente, no es una posibilidad. 

“En tus lienzos parece que alguien ha lanzado una bomba a una obra de Cruz-Diez“, le dijo Jesús Fuenmayor a Gili sobre sus obras en el año 2006. Desde entonces, la mayor parte de las obras de Gili poseen un centro visual, el punto de quiebre de ese gran choque. Desde allí parten las vertientes hacia los lados, generalmente una figura de estrella que trae la metáfora de Fuenmayor al terreno físico. No obstante, hay una evolución notoria. La esencia explosiva –o quizá más bien implosiva, del lienzo hacia afuera– permanece, pero hay más balance, más equilibrio entre los elementos que se integran en cada obra, las radiales tienen más estabilidad. Quizás es porque, hoy en día, en contraste y equilibrio, también coexisten improvisación y tecnología: “todo el tiempo estoy manejando las dos [herramientas]”. Gili combina la proyección de sus bocetos dibujados a computadora, un proceso sumamente medido y de evolución gradual, con el desarrollo directo del óleo sobre lienzo, mucho más espontáneo e intuitivo.

 

 

Crash geométrico

El pintor caraqueño menciona entre sus referentes a los grandes artistas geométricos de la historia moderna del arte venezolano: Carlos Cruz-Diez, Alejandro Otero, Mateo Manaure, Gego, Eugenio Espinoza, Juvenal Ravelo. También es cierto que busca apartarse de ese legado y construir sobre él su propia historia, quizá con un aire más contemporáneo, de alguna manera imprimiendo en sus lienzos su propia personalidad. Es algo que Gili conquista en toda regla. Su máxima aspiración por la policromía, por que prevalezca el color ante todo, puede venir heredada de décadas en las que, creciendo en Venezuela, el color entra por los ojos y llega hasta adentro hasta que el acto de expresarse en colores se hace casi involuntario. Sin embargo, el lenguaje de Gili es único en la manera en la que traslada ese colorido, de una forma afilada y perspicaz.

En su lectura de los padres de la abstracción geométrica, Gili menciona no casualmente a Mondrian y Otero. “Mi propia carrera puede ser un homenaje sobre todo a Otero, hay cosas de él y de los cambios que hizo… Es curioso porque Otero hablaba muchísimo de Mondrian, pero tenía la capacidad de romper de golpe en su carrera. (…) Ese, a lo mejor sería el mejor homenaje, que yo pudiera hacer [ese corte], pero no creo que pase”. Otero famosamente se inspiró no sólo en Mondrian sino también en Picasso y Cézanne, extrayendo de ellos la lección de que las formas geométricas, según se unen en el lienzo, vibran con los colores que las rodean. Sin embargo, dice Gili, Otero pudo zanjar sus influencias, hacer un corte y crear su propio estilo de vibración, aunando conocimientos y experimentando a su propio ritmo.

Ya Rosalynd Krauss lo anunciaba cuando hablaba de la aproximación cuadriculada que posee la geometría, sobre todo en la pintura, cuya evolución tiende a ser pausada y repetitiva. “Tal y como demuestra ampliamente la experiencia de Mondrian, el desarrollo es precisamente lo que la retícula resiste. Pero nadie parece mostrarse desalentado por ese ejemplo y la práctica modernista continúa generando cada vez más retículas”. Nadie parecía desalentado en los 80, tampoco Gili en la segunda década de los dos mil.

Esa retícula de la que hablabla Krauss en su ensayo “The Grid” (1984) incluía también una cantidad de metáforas sobre la cuadrícula geométrica que reinó en la Post-Modernidad. Decía que era una prisión en la que el artista creía que conseguiría su libertad, sin darse cuenta de que se estaba aprisionando y alejando de la realidad. La pintura abstracta, dice Gili, tiene la capacidad de hacer sentir tanto al espectador como al artista, un no-reflejo de lo circunstancial. Admite que, en tiempos recientes en los que el caos en Venezuela ha ido en ascenso, le ha costado conciliar que su medio –la pintura– y su estilo –la abstracción– pueden resultar, en cierto modo, insuficientes a la hora de reflejar la realidad.

Expansión 3D

Es precisamente esa incapacidad para reflejar la realidad lo que ha llevado a Gili al plano tridimensional, probando suerte con las esculturas que parecen encapsular un mismo mensaje, ese “no pasar”. Gili explica que, tanto con su serie “Derechos” (2015) como “Germinadas” (2008) e incluso sus más recientes esculturas basadas en las barricadas checas, está intentando expresar su propia incapacidad para expresarse con respecto a la realidad, en ocasiones cruenta y desoladora.

Gili ha probado ser uno de esos pintores que busca que la pintura se escape del lienzo y atraviese cualquier cantidad de objetos –desde carros hasta tanques de petróleo– para acabar llegando al edificio. La pintura, finalmente, es un medio espacial capaz de invadir el espacio público, para colorear la ciudad. El arte público no sólo tiene la capacidad de integrarse con el paisaje, sino además activar a la comunidad que lo rodea. Caracas no es la excepción de tal concepto y Gili ha sido parte de varias intervenciones en el espacio en su país natal a pesar de que, en su opinión, “el arte público en Venezuela tiene aún mucho camino por recorrer”.

Por muchos años, en la capital venezolana no hubo ningún tipo de avance en este campo, al igual que hoy en día existe en el país una limitación tangible para crear en el espacio público. Sin embargo, prevalece en el país un ejemplo vivo de integración de arte y arquitectura, nombrado patrimonio de la humanidad en el año 2000: la Ciudad Universitaria de Caracas. Para Jaime una fuente de inspiración infinita, el proyecto de Carlos Raúl Villanueva es ya un paradigma de la colaboración entre artistas para desarrollar un proyecto arquitectónico. Villanueva invitó amigos y colegas artistas avante-garde a participar en la construcción de un campus integral, incluyendo figuras internacionales de la talla de Alexander Calder. Mateo Manaure, Armando Barrios y Alejandro Otero son de los artistas venezolanos participantes más destacables, ídolos de Gili por su labor.

A pesar de que el arte abstracto no garantiza un compromiso con el espectador, ni el llevarlo a analizar el mundo que lo rodea, la obra de Gili le ha hecho merecedor de numerosos galardones, incluyendo una nominación al premio EFG Latin America el pasado año. Su obra “GuarimBWall” expresaba su descontento con la situación del país, nuevamente utilizando la metáfora de la pared para trasladar la idea de bloqueo, aplicable tanto a la pintura abstracta como a la imposibilidad de cambiar la realidad. Siendo inmigrante y viviendo en Londres desde hace décadas, Gili confiesa su agobio a la hora de referirse a la situación del país. Sin embargo, su trabajo es evidentemente su forma de válvula de escape. No es abstracción por estetizar, es abstracción que expresa una incapacidad para reflejar toda la realidad. Es un intento valioso por recuperar la esencia de lo que nos define y hacerlo innovando. Con una furia carente de saña, pero indudablemente agitada, impetuosa y vehemente.

 


 

Hasta el día 28 de abril, Jaime Gili participa en la subasta “Healing Venezuela” de Paddle 8, organizada por las galerías Henrique Faría y Maddox Arts. Todos los recaudos serán donados para la compra de medicinas y su envío a Venezuela. 

 

Melanie Isabel García

Coordinadora Editorial @ Benshimolarte

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