Luis Benshimol: Diez años de Nueveochenta | Benshimolarte

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En pleno barrio Bogotano de Chapinero, abrió sus puertas hace 10 años “un espacio dedicado a la difusión del arte contemporáneo latinoamericano”: la Galería Nueveochenta. En su década de existencia, se ha convertido en uno de los núcleos de mayor importancia de la escena artística colombiana, destacando por servir de acompañante a jóvenes artistas, consolidando sus propuestas y enviándolas al extranjero, aportándoles un reconocimiento a nivel global.

Hemos charlado con su director, Carlos Hurtado, quien nos ha ubicado en el gran logro que implica cumplir diez años. Hablando sobre el panorama galerístico internacional y, específicamente, el colombiano entendido como parte central del Latinoamericano, descubrimos las impresiones del galerista ya veterano en su labor.

Melanie García: Primero que nada, Carlos, gracias por habernos concedido esta entrevista y, por supuesto, felicitaciones por los 10 años de la galería.

Carlos Hurtado: Muchas gracias, Melanie.

MG: Ahora, con una década de experiencia bajo la manga como galerista podrás responder, ¿desde 2007, el año de fundación de la galería, qué estimas ha cambiado en el panorama internacional de las galerías de arte?

CH: Creo que son numerosos los cambios en todas las plataformas de difusión. Empezaría por citar el creciente desarrollo de los mercados, particularmente en América Latina, pues muchas ferias como las de Bogotá y Lima, por ejemplo, empezaron a robustecer una escena que, aunque incipiente al comienzo, ha venido tomando fuerza. Asimismo, creo que por efecto de la creciente internacionalización de los mercados, el oficio galerístico se ha ido profesionalizando. Corrigiendo algunas irregularidades que impedían el crecimiento de los mercados de los artistas de una manera más formal y robusta.

MG: Llama la atención que el foco de interés de Nueveochenta sea puesto específicamente en Latinoamérica, ¿por qué? ¿Crees que ha habido un crecimiento en el aprecio a los artistas latinos en los últimos años?

CH: Nosotros decidimos centrarnos en América Latina desde el comienzo por la simple razón de que es la zona donde estamos y la que mejor conocemos. Además, en esta década se ha despertado un especial interés por el arte contemporáneo en Latinoamérica, lo que nos ha permitido tejer una red de colaboraciones muy interesantes en el hemisferio y potenciar la lectura y presentación del trabajo de nuestros artistas.

MG: Desde la abstracción escultórica de Jaime Tarazona y Natalia Castañeda hasta los experimentos de Fernando Uhía y la exploración más conceptual de Saúl Sánchez, Nueveochenta tiene un roster de artistas comprometidos con la producción contemporánea, ¿cómo ha sido la respuesta del público tanto comprador como espectador de este tipo de obras? ¿Dónde yace la razón de la impulsión de proyectos contemporáneos?

CH: El público ha sido siempre muy generoso con nosotros, apoyando nuestras exhibiciones y asistiendo ininterrumpidamente a visitar nuestros proyectos, eso ha sido muy grato y nos ha permitido tener una audiencia robusta. Ahora, sobre cómo llegamos a concentrarnos en proyectos contemporáneos, eso tiene que ver con el momento en que estábamos abriendo la galería. En ese entonces había muy pocos programas exclusivamente consagrados al arte contemporáneo en Colombia y casi todos estaban centrados en arte moderno, así que decidimos enfocarnos en artistas emergentes desde el inicio. Con el tiempo, hemos tenido otras vinculaciones importantes, incluso de grandes maestros que, con su obra y presencia, ayudan a comprender el desarrollo del trabajo de los artistas contemporáneos.

Obra de Jaime Tarazona. Foto: Nueveochenta

MG: ¿Recuerdas alguna experiencia destacable en términos emocionales o especialmente positiva en el entorno de la galería en interacción con el público?

CH: Hay muchas, pero quisiera referirme a una muy especialmente. Nosotros tenemos una alianza desde hace 10 años con una importante firma de abogados y, en sus oficinas, siempre hay obras de nuestros artistas en comodato. Un día, la señora que sirve los cafés en esa oficina llamó a la galería a pedirnos que no retiráramos una obra, porque a ella le encantaba verla todos los días. Ese gesto, encarna la manera en que el arte afecta positivamente los espacios habitados y nuestra vida. Esa simple llamada justifica todos nuestros esfuerzos.

MG: El arte contemporáneo viaja alrededor del mundo todos los años para participar en el ciclo de ferias internacionales y exhibirse en distintos rincones del planeta, ¿cuál crees que sea la diferencia entre escenarios europeos, asiáticos y/o norteamericanos con respecto a Latinoamérica? ¿Dónde fallamos, dónde ganamos y qué podríamos cambiar para estar a la par o por encima del resto? ¿Podría Bogotá, por ejemplo, llegar a ser la sede más importante de arte contemporáneo en América Latina?

CH: Lo primero es que en los mercados europeos y norteamericanos, el arte proveniente de Latinoamérica aún tiene una presencia tímida en comparación con el de otras latitudes. En ese sentido, las colecciones institucionales son también más débiles en cuanto a la presencia de arte moderno y contemporáneo de América Latina. Nuestra escena es un caldo de cultivo muy interesante, pues se ha gestado en medio de grandes tensiones económicas, políticas y sociales, y en medio de una adversidad y escasez de espacios de difusión. Creo que efectivamente Bogotá ha ido ganando visibilidad y ha ido desarrollando un mercado de creciente interés. Y, sin duda, hoy podemos afirmar que es un referente obligado de lo que ocurre en la región.

MG: Con los ojos puestos en el futuro, no cabe duda de que las nuevas décadas se presentan sumamente distintas a las anteriores. ¿Qué cambios podrías prever en el panorama en términos del dominio de las galerías globales?

CH: Creo que el auge desaforado de los mercados y ferias va a fomentar esquemas asociativos de artistas y galerías que permitan nuevas formas de difusión. Con los costos asociados a las inversiones de la agenda internacional estándar, se hace fundamental para las galerías de artistas emergentes pensar en nuevos escenarios y maneras de llegar a otros públicos de manera más eficiente. Sobre todo cuando en América Latina tenemos tasas de devaluación tan altas.

MG: Luis Benshimol me pidió expresamente que te preguntara lo siguiente: ¿de ser coleccionista en vez de galerista, qué tipo de línea te interesaría?

CH: La abstracción geométrica radical. Sin duda alguna.

Obra de John Castles. Foto: Nueveochenta

MG: En tu opinión, ¿cuál de los artistas colombianos tiene mayor o mejor proyección internacional y alto potencial de venta?

CH: Hay varios y las proyecciones dependen de muchas cosas. En algunos casos hay crecimiento natural por el desarrollo en tiempo real de su carrera, en otros un redescubrir de su legado que los visibiliza tardíamente. Para dar unos nombres, creo que John Castles y Ana Mercedes Hoyos como maestros revisados y Juan Fernando Herrán y Kevin Mancera como artistas jóvenes están teniendo un desarrollo y proyección internacional importante. También creo que los coleccionistas, van a mirar con más atención la periferia, lo que está por fuera de los circuitos estándar, buscando nuevos aires e inversiones más moderadas.

MG: ¿Qué consejo puedes darle a la generación naciente de jóvenes galeristas para llegar a la década de actividad con éxito?

CH: Simplemente que trabajen por pasión, pues ese es el único elemento que no debe faltar en un galerista. Si existe pasión por lo que haces, podrás descubrir la mejor manera de presentar el trabajo de tus artistas, de asumir riesgos y de definir sus mercados.

 

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