Alexander Calder, precursor de la escultura cinética

Al igual que muchos otros artistas, escritores y fotógrafos, fue en París donde Alexander Calder logró aflorar sus más genuinos talentos y comenzó a experimentar con las formas escultóricas desde una propuesta que, gracias a su genialidad y sencillez, caló en la audiencia parisina de mediados del siglo veinte y le abrió los caminos para nuevas y más atrevidas propuestas.

El artista en sus inicios

Inicialmente Calder, uno de los artistas norteamericanos más reconocidos del siglo XX, sintió inclinación por la ingeniería mecánica, pero no tardaría en sumarse a la Liga de Estudiantes de Arte de la ciudad de Los Ángeles. Corrían los primeros años de la década de los veinte y movido por sus inclinaciones artísticas, acabó por trasladarse a la ciudad de la luz.

Una vez establecido en la capital francesa, comenzó a experimentar con las formas escultóricas, valiéndose de materiales como la madera y el alambre, este último le permitió desarrollar figuritas de animales que posteriormente compondrían su famosa serie de miniaturas circenses. Calder no tardó en ganar la atención de la audiencia parisina, pero también de la norteamericana, y las personas comenzaron a interesarse por sus esculturas de alambre, sus estudios a línea continua y sus proyectos abstractos y motorizados.

Obras en los 70s

Para finales de la década de los sesenta, participó en la Exposición Universal de Montreal con un encargo de la International Nickel de Canadá, que consistió en la creación de una pieza escultórica de 24 metros de altura, aproximadamente, llevada a cabo con acero inoxidable. La colosal pieza fue elaborada en la fábrica Biemont de Tours en Francia, y posteriormente trasladada a América del Norte para su exhibición, donde un equipo calificado llevó a cabo su instalación y montaje bajo la supervisión de su autor.

Calder hoy en día 

Alexander Calder ha ganado un merecido lugar en el arte contemporáneo por ser considerado el precursor de la escultura cinética. Sus móviles o colgantes son piezas sumamente valoradas hoy en día en el mercado de las artes, especialmente por su interesante propuesta cromática y formal, así como el desafío de los movimientos pendulares y la ingravidez que caracteriza a buena parte de sus piezas. Adicional a estos móviles, Calder también desarrolló esculturas estáticas, que son conocidas dentro de su trabajo artístico como stabiles.

Su colaboración con Carlos Raúl Villanueva para el desarrollo de las Nubes que decoran el techo del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, es, probablemente, uno de los proyectos más reconocidos y recordados por el público venezolano.

 

Luis Benshimol