Alexander Calder, pionero de la escultura en movimiento

El pasado 22 de julio se cumplieron 118 años del nacimiento de Alexander Calder, un notable escultor estadounidense, precursor de la idea de poner movimiento a las esculturas. Era hijo y nieto de escultores y su madre, además, era pintora, por lo que Calder siempre llevó en sus venas las inquietudes plásticas.

Tras estudiar ingeniería mecánica, Calder asistió en el año 1923 a la Liga de Estudiantes de Arte de Los Angeles, donde tuvo la oportunidad de asimilar las inquietudes y búsquedas estéticas de los artistas que conformaban esta escuela.

Luis Benshimol

Años más tarde, seducido por la tarea de plasmar imágenes en medios bidimensionales o tridimensionales, trabaja como ilustrador para la National Police Gazette, hasta que en 1926 decide marchar a París, donde comienza a hacer figuritas animales con alambre y madera, trabajo que serviría como origen de su famosa serie de miniaturas circenses.

Tras algunos años difíciles en París, en 1930 comienza a adquirir renombre en la capital francesa y en Estados Unidos, principalmente por sus esculturas elaboradas con alambre, sus particulares retratos, sus bosquejos a línea continua y la creación de conjuntos abstractos que tenían la capacidad de oscilar, manteniéndose en constante movimiento.

Este estadounidense, precursor de la escultura cinética, es también conocido como el inventor del móvil. No obstante, Calder también desarrolló obras escultóricas estáticas, a las que dio el nombre de Stabiles.

Luis Benshimol

En sus inicios trabajó con obras de tamaño reducido, hasta que paulatinamente comenzó a crear conjuntos y proyectos cada vez más grandes, osados y monumentales, tal y como ocurrió con la pieza que desarrolló para la Exposición Universal de Montreal de 1967, con la creación de una obra de 24 metros de altura encargada por la International Nickel de Canadá (Inco).

Una de las obras más importantes del estadounidense es Nubes de Calder, compuesta por 31 paneles de madera que actúan como soporte acústico en las instalaciones del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, haciendo de este recinto una de las cinco salas con mejor acústica del mundo.