Luis Benshimol: Enio Iommi, fundador del grupo Invención

Hijo del escultor milanés Santiago Girola Iommi, participó en el año 1946 en el Manifiesto Invencionista, junto a otras grandes figuras del arte contemporáneo argentino, como Alfredo Hlito, Raúl Lozza, Tomás Maldonado, Manuel Espinosa, Lidy Prati y Óscar Núñez. La obra Enio Iommi puede dividirse en cuatro etapas, la primera de ellas íntimamente vinculada al arte concreto latinoamericano.

 

Enio Iommi comenzó a aproximarse al arte a la edad de diez años, cuando comenzó a elaborar sus primeras esculturas en el taller de su padre y se convirtió en alumno de Enrico Forni, quien le dio en Buenos Aires algunas de sus primeras lecciones de dibujo. Su primera etapa se ubica ya hacia la década de los 40, está marcada por piezas escultóricas que reproducían la estética concreta.

Fue específicamente en el año 1945 cuando Iommi irrumpió en la escena artística argentina con la primera escultura abstracta, justo en una época en la que la no-figuración apenas si había dado tímidos pasos en la pintura y contaba con pocas referencias sin trascendencia en escultura. No había cumplido los veinte años cuando participó en uno de los capítulos más importantes de la vanguardia rioplatense con la fundación de la Asociación Arte Concreto Invención.

El abstraccionismo geométrico ocupó el trabajo de Enio Iommi durante dos décadas, desde el año 1951 hasta la llegada de los setenta, llegando de ese modo a dominar su segunda etapa. Desde 1970 a 1980, el trabajo de Iommi se enfocó principalmente en la violencia de esta época y su etapa final como creador plástico estuvo regida por las propuestas espaciales.

Fue en el año 1977, en el apogeo de su tercera etapa, cuando Iommi inaugura una muestra inusual, que llevó por nombre Adiós a una época, 1948-1977 al 2000. Alrededor de veinte esculturas de aluminio, de una gran pulcritud y objetividad, compartían espacio con una pieza bautizada como Un rectángulo de acrílico y basura, una muestra de lo que serían las nuevas inquietudes de Iommi y lo que pretendía comunicar a los espectadores en los siguientes años de su carrera, concentrados en un prisma de casi dos metros de altura repleto de desperdicios.

La Galería Julia Lublin sería el espacio en el que Iommi expondría por vez primera sus piezas elaboradas con elementos toscos, hallados entre los desechos de la ciudad. A pesar del paso de los años y de sus múltiples experimentaciones, una premisa siempre caracterizó el trabajo de Enio Iommi: el arte como una aventura. Este rebelde artista argentino, que pasaba de las falsas adulaciones y que confiaba plenamente en su experimentación, sentó las bases del abstraccionismo en su país, para servir de inspiración a las venideras generaciones.

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