Eduardo Ramírez Villamizar, maestro del constructivismo

Este protagonista del constructivismo artístico se inició como pintor figurativo expresionista en el año 1950. Con el paso de los años, su propuesta plástica fue evolucionando hasta llegar al diseño de murales puristas, incorporando el vacío como una verdad material.

 

En la década de los sesenta comenzó a cultivar la escultura, siguiendo la misma línea geométrica que había impuesto Hugo Martínez González y con este trabajo, Eduardo Ramírez Villamizar consiguió relevancia en otros países de América, además de su Colombia natal.

 

 

Cada una de las piezas creadas por Ramírez Villamizar corresponden a una interpretación y reacción a su entorno, proceso de estudio y contemplación que le permitía conducir estos estímulos a un reordenamiento utópico y estético.

 

Conocido por muchos como un artista de un gran rigor espiritual y una enorme autoexigencia, estas características lo hicieron una persona bastante tímida, pero que no por esto ocultaba su audacia y su firme criterio sobre ciertos aspectos de la vida y de la escena plástica.

La mayor parte de su obra de pequeño y mediano formato se encuentra localizada en el Museo de Arte Moderno Ramírez Villamizar, ubicado en Pamplona, su ciudad natal. Bogotá es el centro principal de sus piezas a gran escala, de tal modo que en la capital colombiana podemos encontrar obras como:

 

  • La Catedral policromada.

  • Doble Victoria alada, homenaje a Manuel Cepeda Vargas.

  • Homenaje al expresidente Virgilia Barco.

  • Flor blanco y negro.

 

Ramírez Villamizar vivió en Nueva York por un período de siete años, donde comenzó a trabajar las láminas de plástico y decidió inclinar los planos en su obra, en la que siempre se habían mantenido como paredes, confiriendo a sus piezas un carácter de espacialidad.

Con el paso de los años surgieron series como Construcciones emergiendo, Círculos intersectados, Construcciones suspendidas, Cámaras en progresión y Construcciones topológicas, entre otras.

Además de las piezas del colombiano, ganador del Salón Nacional de Arte de Colombia, que se conservan en Bogotá, también legó parte de su trabajo monumental a algunas localidades de los Estados Unidos, como Vermont, Washington y Nueva York.